Las 7 Torres de Estambul: Torre de Gálata y Sus Leyendas

Algunas se construyeron para avisar incendios; otras, para marcar la hora del pueblo. Con el tiempo se volvieron protagonistas de poemas, de leyendas y hasta de rumores de amor entre ellas, y todavía dominan el horizonte de la ciudad. Estas son las 7 torres de Estambul, de la Torre de Gálata a la Torre de la Doncella.
1. Torre de Beyazıt, la mensajera de incendios

Hoy saluda a los estudiantes en el campus de la Universidad de Estambul, en Beyazıt. Pero esta torre de 85 metros nació en 1749 con otra misión: avisar los incendios que convertían en cenizas las casas de madera de la ciudad. De día se bajaban canastas desde lo alto. De noche, faroles. La torre original, de madera, se dañó en el incendio de Cibalí de 1756 y en el levantamiento jenízaro de 1826, así que el sultán Mahmut II mandó reconstruirla en piedra con el arquitecto Senekerim Balyan.
El sistema tenía su propio lenguaje. Al ver la señal, la Torre de İcadiye disparaba un cañonazo para avisar a toda la ciudad, y el vigía de turno anunciaba “¡Ağa, tuviste un hijo!” (“niña” para los incendios del lado asiático o europeo del Bósforo, “niño” para los del casco histórico). Durante la República siguió en uso. Esta vez, para anunciar el clima: verde significaba lluvia al día siguiente, rojo nieve, amarillo niebla y azul buen tiempo. La tradición se retomó en 2010 tras años de pausa.
En 1968 fue ocupada por estudiantes revolucionarios tras la muerte de Vedat Demircioğlu, y desde 2013 funciona como museo.
2. Torre de Gálata, con mil años de historias encima

¿Cuándo se construyó? Nadie lo sabe con exactitud. Algunas fuentes atribuyen esta, una de las torres más antiguas de Estambul, al emperador Justiniano en el 507; otras, a Anastasio en el 528, cuando habría servido como faro. Los bizantinos la llamaban la Gran Torre. Tras ser dañada en la Cuarta Cruzada de 1204, los genoveses la reconstruyeron en 1348 con piedra de relleno, y por un tiempo se la conoció como Torre de Cristo.
Pasó por casi todo: prisión de cautivos cristianos que trabajaban en los astilleros de Kasımpaşa bajo Solimán el Magnífico, observatorio astronómico del astrónomo Takiyüddin durante el reinado de Murat III (cerrado en 1579), torre de vigilancia contra incendios desde 1717 y escenario de un salto histórico. En el siglo XVII, Hezarfen Ahmet Çelebi se lanzó desde la cumbre con alas de madera. Voló hasta Üsküdar. Sí: de Europa a Asia, por encima del Bósforo. La hazaña llegó a representarse en grabados europeos. Después vinieron los golpes: ardió en 1797, se dañó de nuevo en un incendio en 1831 y perdió su cúpula puntiaguda en una tormenta en 1875. La forma que tiene hoy es resultado de una restauración de 1965 a 1967. En 2019 pasó a manos de la Dirección General de Fundaciones y, según recoge su ficha en Wikipedia, reabrió como museo el 6 de octubre de 2020 tras una nueva restauración, con una altura de 62.59 metros desde el suelo hasta la punta del techo.
3. Torre de la Doncella, la que nació como vigía naval

Frente a Salacak, en Üsküdar, se levanta la torre con la historia más larga de todas. En la Antigüedad se la conocía como Arkla (“pequeña fortaleza”) y Damalis (“ternera”). Contra lo que sugiere su nombre actual, su origen no tiene nada de romántico: ya en el 410 a. C. el comandante ateniense Alcibíades mandó construir aquí una torre para vigilar los barcos que entraban al Bósforo. En el 341 a. C. tuvo otro destino: el comandante griego Cares la convirtió en mausoleo para su esposa. Siglos más tarde, entre 1143 y 1178, el emperador bizantino Manuel I Comneno volvió a fortificarla. Objetivo: controlar el tráfico naval.
Tras la conquista de Estambul, Mehmed el Conquistador derribó la instalación que usaban los venecianos y levantó un pequeño fuerte con cañones. Más ceremonial que defensivo, eso sí: desde aquí se disparaban las salvas de las celebraciones. En el siglo XVII se le agregó un faro, y entre 1830 y 1837 funcionó como hospital de cuarentena durante las epidemias de cólera y peste que golpeaban a la ciudad otomana. La leyenda más conocida habla de un rey que encerró aquí a su hija para protegerla de una profecía: moriría por la mordida de una serpiente. No sirvió de nada. Una serpiente escondida entre flores cumplió el oráculo igual. La torre también inspiró el dicho “quien se llevó el caballo ya cruzó Üsküdar”, ligado a una leyenda del guerrero Battal Gazi, y protagonizó el final de la película de James Bond El mundo no basta (1999), con Pierce Brosnan. Tras una restauración de 2021 a 2023 que reforzó sus muros y cimientos, reabrió en mayo de 2023. Ya no como café, sino como museo. Según Hürriyet Daily News, el Ministerio de Cultura y Turismo quiso darle un uso cultural en lugar de comercial.
4. Torre del Reloj de Dolmabahçe, el regalo de un sultán obsesionado con la hora

El sultán Abdülhamid II se mudó al palacio de Yıldız por razones de seguridad. Pero nunca abandonó Dolmabahçe del todo. Entre 1890 y 1895 hizo levantar aquí una torre de 27 metros y 94 escalones, obra del arquitecto de la corte Sarkis Balyan, con un costo de 1,210,550 kuruş pagados del tesoro.
Para su construcción se reutilizaron piedras de la inconclusa mezquita Aziziye.
De estilo barroco y neoclásico, la torre tiene cuatro caras con relojes franceses de la marca Paul Garnier instalados por el relojero Johann Meyer: el reloj del lado del mar funciona con una cuerda distinta a los otros tres. Sus barómetros, que todavía se leen hoy, marcan el clima en turco otomano con las palabras “Tormenta – Viento, Lluvia – Variable – Buen tiempo – Tiempo estable”. En 1979 se electrificó en parte. ¿La cuerda? Ahora se le da una vez por semana. La torre fue escenario, en plena resistencia del Parque Gezi en 2013, de una reunión nocturna entre el entonces gobernador de Estambul, Hüseyin Avni Mutlu, y un grupo de manifestantes. Nada mal para una torre pensada para dar la hora.
5. Torre del Reloj de Yıldız, el gesto de Oriente hacia Occidente

En el complejo de Yıldız, en Beşiktaş, el mismo Abdülhamid II —conocido por su gusto por los relojes de torre— encargó esta obra a Sarkis Balyan entre 1889 y 1890. Como se alza junto a la mezquita Hamidiye, también se la conoce como Torre del Reloj de Hamidiye. Planta octogonal, esquinas achatadas. De estilo neogótico otomano, la torre de tres pisos y 20 metros se afina a medida que sube. El primer piso tiene cuatro inscripciones. El segundo, un termómetro y un barómetro que marcan el clima en turco otomano antiguo; el último alberga la sala del reloj, con ventanas de arco trilobulado. Arriba, una cúpula puntiaguda rematada por una veleta, restaurada en 1993.
El 21 de julio de 1905, la torre fue testigo del intento de asesinato con bomba contra Abdülhamid II organizado por la Federación Revolucionaria Armenia frente a la mezquita Hamidiye; el poeta Tevfik Fikret le dedicó unos versos al atentado fallido.
6. Torre del Reloj de Tophane, la más antigua que sigue en pie

Junto a la mezquita Nusretiye, en el barrio de Tophane, se levanta la torre del reloj más antigua que aún se conserva en pie en Estambul. También se la conoce como Torre del Reloj de Nusretiye. El sultán Abdülmecid I la mandó construir entre 1848 y 1849. La autoría es menos clara: las fuentes históricas suelen atribuir la obra al arquitecto Bali Balyan, aunque sin certeza absoluta.
Cuatro pisos, cuatro fachadas idénticas. Cada piso es más angosto que el anterior. Sobre la puerta que mira al mar está grabada la tughra de Abdülmecid I, y sus 15 metros de altura combinan capiteles jónicos con ornamentos de estilo imperio. Es, además, la más baja de las cuatro torres del reloj de esta lista: la de Dolmabahçe llega a 27 metros, y las de Yıldız y Etfal rondan los 20. En sus esferas todavía puede leerse la palabra “Zenith” escrita en turco otomano. Tras un incendio en 1913, en la década de 1950 —durante las obras viales del gobierno de Adnan Menderes— la torre se desplazó de su ubicación original junto al mar hasta quedar frente a los antiguos depósitos de aduana. Ahí sigue hoy, en los jardines del Istanbul Modern. Muchos de los que llegan al museo pasan a su lado sin sospechar que es la más antigua de su tipo. De los cuatro relojes originales solo quedan dos. Los otros dos tienen los vidrios rotos, y el mecanismo británico original ya no funciona. Hubo un proyecto de restauración ligado a la Capital Europea de la Cultura 2010. Nunca se concretó. Para la torre del reloj más antigua de la ciudad, cuesta entenderlo.
7. Torre del Reloj del Hospital Etfal, un monumento a una hija perdida

Cuando su hija Hatice Sultan murió de difteria a los ocho meses, el sultán Abdülhamid II mandó construir en su memoria el Hospital Infantil Hamidiye Etfal. El arquitecto: el italiano Raimondo D’Aronco. La torre, de unos 20 metros, se levantó en el jardín del hospital en 1907 bajo la supervisión de Mahmut Şükrü Bey, de la Escuela Imperial de Ingeniería. Ese mismo año, el sultán añadió una pequeña mezquita al pie de la torre: son las dos únicas construcciones originales del hospital que sobrevivieron hasta hoy.
La planta es cuadrada. Las fachadas mezclan ladrillo rojo y mármol blanco. Las ventanas de arco apuntado se alinean en cada piso, y a la sala del reloj se sube por una escalera metálica de caracol. En la fachada principal, cuatro inscripciones llevan grabada la tughra de Abdülhamid II.
Igual que las demás torres otomanas de esta lista, combina función práctica —marcar la hora, avisar incendios, anunciar el clima— con el gesto simbólico de un sultán que dejó su huella en los barrios de Estambul mucho más allá de los palacios.
Fuentes: Galata Tower, Wikipedia, Maiden’s Tower, Wikipedia, Hürriyet Daily News: Maiden’s Tower reopens following renovation (2023)




















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