Kuzguncuk: 14 motivos para visitar este barrio de Estambul

En medio de los rascacielos y centros comerciales que ganan terreno en la ciudad, el barrio de Kuzguncuk, Estambul, sigue resistiéndose al cambio. Parece de otra época. Sus calles de casas de madera, jardines sin pretensiones y vecinos que saludan desde la puerta guardan una historia multicultural poco conocida fuera de Turquía: el barrio está en la orilla asiática del Bósforo, dentro del distrito de Üsküdar. Esto es lo que debes saber antes de visitarlo.
1. El barrio de Kuzguncuk, Estambul: uno de sus rincones más intactos y misteriosos

Kuzguncuk desciende suavemente desde las colinas de Üsküdar hasta la orilla del Bósforo, y ha logrado conservar su belleza natural mientras otros barrios de Estambul se llenaban de torres. Es un punto pequeño y encantador. Aquí el verde y el azul se abrazan. No por nada el diario Hürriyet Daily News lo describió en 2015 como el barrio “intacto” de Estambul. Hay dos maneras de llegar. Puedes seguir la costa desde Üsküdar o bajar desde Nakkaştepe, la colina donde arranca el puente del Bósforo. La segunda, cuesta abajo, suele ser la más cómoda, por razones obvias.
2. Antes se llamaba “Altın Kiremit”, la Teja de Oro

Hay tres versiones sobre el nombre, y ninguna se impone del todo. Se dice que el nombre antiguo del barrio, “Hrisokeramos”, significaba “teja de oro” y venía de una iglesia construida por orden del emperador bizantino Justino II (565-578), cuyo techo estaba cubierto de tejas doradas. Otra sostiene que el nombre actual es una deformación de “Kosinitza”, como se llamaba antes la zona. El cronista otomano Evliya Çelebi tenía, cómo no, su propia teoría. Para él, “Kuzguncuk” vendría de un santón llamado Kuzgun Baba que se habría instalado aquí en tiempos del sultán Mehmed II, el Conquistador.
3. Fue la última parada antes de Tierra Santa

Kuzguncuk fue el primer asentamiento judío en la orilla asiática de Estambul, aunque nadie sabe con exactitud cuándo llegaron las primeras familias. Hay una pista. Fuentes del siglo XVII ya mencionan al barrio como una comunidad judía establecida.
Lo que viene después conmueve. Para los judíos sefardíes de Europa, Kuzguncuk llegó a considerarse la última parada antes de Tierra Santa: quienes no podían llegar a los territorios prometidos pedían, al menos, ser enterrados aquí.
4. Donde se mezclan el azán, las campanas y el canto del hazán

En Kuzguncuk conviven tres religiones. Hay dos iglesias (una armenia, una griega ortodoxa), una mezquita y una sinagoga, varias de ellas prácticamente una junto a la otra sobre la misma calle frente al Bósforo. Para muchos vecinos, esa cercanía es un símbolo de la tolerancia que define al barrio. Cuenta la tradición local que, cuando no se encontró terreno para construir la mezquita, fue el jardín de una de las iglesias el que cedió el espacio necesario. No es solo leyenda. Según la entrada de Wikipedia sobre el barrio, la mezquita se levantó en 1952 en el patio de la iglesia armenia, con fondos que incluyeron donaciones de la propia congregación armenia. (“Hazán” es el nombre que se da, en las sinagogas, al oficiante que canta las oraciones).
5. Casi cada calle parece el set de una telenovela o una película

Basta con que bajes desde Nakkaştepe por cualquiera de sus calles. Primero aparecen casas de madera que siguen en pie. Después vienen los jardines. No son de diseño: son completamente naturales, se abren entre calles sinuosas y en ellos hay gallinas que juegan entre gatitos y vecinos que saludan con la mano mientras toman el té o recogen fruta con sus hijos. Y si de pronto te cruzas con un equipo de filmación, no te sorprendas. Desde los años 80, cuando se rodó aquí la telenovela turca “Perihan Abla”, estas calles se han usado como set de numerosas series y comerciales.
6. Los viejos plátanos de sombra son el alma del barrio

A medida que te acercas a la orilla, el paisaje cambia. Aparecen viejas casas de piedra con balcones salientes y pequeñas mansiones de madera pintadas en colores vivos, todas alineadas a ambos lados de la calle, y frente a ellas enormes plátanos orientales dan sombra y frescura. La calma es casi palpable.
Si al llegar a la orilla miras hacia atrás, verás las empinadas cuestas y escalinatas que acabas de bajar. Un viejo poema turco sobre el barrio lo advierte: por esas escaleras “hay que subir despacio”. Tus piernas, de regreso, le darán la razón.
7. La restauración fiel al original es casi un culto aquí

Buena parte de las viejas casas del barrio han sido restauradas respetando su diseño original: planta baja de piedra, pisos superiores de madera, dos o tres niveles, fachadas impecables llenas de flores de colores. Frente a muchas de ellas han abierto pequeñas casas de té y cafés. Ahí se sientan los vecinos. Charlan, leen el periódico o juegan tavla, el backgammon turco.
8. El comercio de barrio todavía sobrevive aquí

Mira las vitrinas coloridas: tiendas de barrio, panaderías y verdulerías que siguen abiertas pese a la llegada de los supermercados grandes. No hay cadenas aquí. Es común que los vecinos, sentados frente a sus negocios, saluden a quien pasa e incluso inviten a tomar un té con una sonrisa. Si caminas por esta zona a media mañana, cuando el aroma del pan recién horneado y del simit —un pan con forma de rosca cubierto de semillas de sésamo— sale de la panadería local, resistirse es casi imposible.
9. Amistad y lealtad caminan de la mano en Kuzguncuk

Cristianos, judíos y musulmanes conviven en Kuzguncuk desde hace generaciones, en general con respeto y cercanía, aunque las migraciones internas de las últimas décadas redujeron la población no musulmana del barrio. Aun así, varios vecinos mayores —con el acento particular del barrio— siguen aferrados a su vida de siempre. Durante mucho tiempo, Kuzguncuk tuvo un único médico: el doctor Ohannes Minasyan. Falleció hace años. Pero, según relatos locales, en la vitrina de la farmacia Deniz, sobre la calle İcadiye, todavía podían verse sus jeringas y antiguos frascos de medicinas. Aquí cuesta ser tajante: si pasas por ahí, confírmalo tú mismo, porque esta reseña no pudo comprobarlo en persona.
10. El barrio ha sido hogar o lugar de paso de artistas y celebridades

Familias otomanas de abolengo vivieron antes en las mansiones y casas de Kuzguncuk. Incluso Atatürk, según se cuenta. De cadete militar, Mustafa Kemal Atatürk habría pasado siete años de fines de semana en una de ellas, la mansión de Ali Fuat Cebesoy. El barrio también fue hogar de los poetas Can Yücel y Oktay Rifat, del escritor Rıfat Ilgaz y de la novelista Sevim Burak, y en sus calles vivieron además el dramaturgo Güngör Dilmen y los actores Uğur Yücel y Hülya Koçyiğit. Esas mismas calles sirvieron de escenario para series tan queridas en Turquía como “Perihan Abla” y “Ekmek Teknesi”.
11. La literatura turca también le debe algo a Kuzguncuk

La novela “Kumral Ada & Mavi Tuna”, de Buket Uzuner, está entre los retratos más hermosos del viejo Kuzguncuk. No es la única obra. La escritora Gülsüm Cengiz dedicó un libro, “Boğazdaki Mutlu Çocuk – Kuzguncuk” (“El niño feliz del Bósforo”), a su infancia y juventud en el barrio. Y Nedret Ebcim, en “Üç Dinin ve Ünlülerin Buluştuğu Semt Kuzguncuk” (“Kuzguncuk, el barrio donde se encuentran tres religiones y sus celebridades”), reconstruye la historia del lugar a partir de entrevistas con quienes vivieron allí.
12. ¿Puede existir un barrio del Bósforo sin su plátano de sombra junto al mar?

Al final de la calle İcadiye, cruzando la avenida Paşalimanı hacia la orilla, aparece una pequeña plaza abrazada por el mar y rodeada de árboles. Es Çınaraltı, literalmente “bajo el plátano”. Junto a la plaza, una antigua panadería ofrece un té turco bien cargado —de color rojizo intenso, conocido allí como “té sangre de conejo”— y un simit caliente.
Para refrescarse, al otro lado de la esquina suele estar la heladería Dilim, aunque es mejor que lo confirmes antes de tu viaje: no fue posible confirmarlo en persona al momento de escribir esto.
13. El paseo termina saludando a la otra orilla

Sentado en la orilla con un té en la mano, mientras las gaviotas sobrevuelan, ves al otro lado del Bósforo los palacios de Çırağan y Dolmabahçe. El contraste salta a la vista: allá, palacios frente al agua; de este lado, casas de madera, casas de té y jardines con gallinas. Pero no te quedes demasiado. Todavía quedan por recorrer los barrios vecinos de Beylerbeyi, Çengelköy y Kandilli, cada uno con su propio ritmo junto al agua.
14. Bono poético: Kuzguncuk

El gran poeta turco Nazım Hikmet tenía un vínculo personal con este barrio: su tía, Sâre Hanım, vivió aquí, y de niño Hikmet pasó temporadas en Kuzguncuk que después aparecen en su poesía. Uno de sus poemas está dedicado al barrio. Describe una pensión frente al mar, una vecina llamada Mebrure Hanım que bordaba pañuelos sin parar y una infancia marcada por los barcos que cruzaban de noche frente a la ventana. Unos pocos versos resumen bien el tono: “Hay que vivir en Beykoz / dice el hombre que trabaja en Beykoz. / Pero Kuzguncuk es un lugar encantador…” El resto del poema sigue ese mismo contraste entre el deber y el cariño por este rincón del Bósforo.
Fuentes: Hürriyet Daily News, “Istanbul’s unspoiled neighborhood: Kuzguncuk”, Wikipedia, “Kuzguncuk”.




















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